Mucho que ocultar

Me encargo de borrar uno a uno todos los sitios donde hay información personal sensible.

Ilustración digital de tres documentos de texto sobre un fondo naranja. A la derecha, una columna naranja con contenido encriptado en una serie de caracteres alfanuméricos en mayúsculas y minúsculas.

Así es. Elimino todo lo que encuentre con mis datos personales. Pero los físicos. Los que tiro a la basura en un paquete de cualquier compra online o en un papel del banco. No quiero convertir a mi basura en una mina de oro.

Triturar papeles, tachar direcciones, cortar hojas y hasta quemarlas.

¿Acaso nuestra información solo está en tarjetas y cartas? Cada vez menos. Es ínfima la cantidad de información física que tenemos a comparación de los miles y miles de bytes generados cada vez que usamos nuestro teléfono.

Pocos saben que hacen con esos miles de registros, pero es tanta la cantidad de información que conocen si tienes insomnio, planeas viajar o tu raza de perro favorita.

Ahí entendí que soy incongruente en el modo que cuido mis datos. Y usted lector muy probablemente también lo sea.

Perdía demasiado tiempo evitando que la basura sea un reservorio de datos, pero no me detenía ni un segundo en darle “Aceptar” a los términos y condiciones de una página random de internet.

A veces nuestro argumento es “no tengo nada que ocultar”. Pero realmente tienes mucho para ocultar. Tu información personal es tuya y de nadie más.

El problema no es que una aplicación para ser productivo tenga tus datos. Pero sí que esos datos sean vendidos y queden en manos de alguien con malas intenciones. No querrás que sepan todo de ti. El futuro siempre nos sorprende, nadie sabe que usos podrán tener.

Lo que sí sabemos es como las grandes empresas de tecnología usan nuestros datos para traficarlos como un bien más. Si empresas multimillonarias le dan tanta importancia ¿porque a nosotros nos da los mismo?

Como lo explica claramente Harari en su libro 21 lecciones para el siglo XXI (2018), “Su verdadero negocio no es en absoluto vender anuncios. Más bien, al captar nuestra atención consiguen acumular cantidades inmensas de datos sobre nosotros, que valen más que cualquier ingreso publicitario. No somos sus clientes: somos su producto.” (p. 100).

Cómo comprobarlo

Un interesante experimento es instalar en nuestro navegador extensiones como Privacy Badger, permite restringir que sitios de terceros recauden información sin permiso. Es sorprende como un simple diario online, le entrega nuestros hábitos de navegación a Facebook, Twitter, Google y otras tres empresas.

Quizás la próxima vez que vayamos a registrarnos en un sitio desconocido solo por un código de descuento, reflexionemos, que tratamos a nuestros datos como basura cuando son oro.


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